Estreno teatral de mi obra: "Leyenda del Condor y la Flor"

martes, 24 de junio de 2008

OJAL DE HERRERO
Parece que las ardillas con el hierro

caen en la badana de un zapatero;

ahí donde la nieve nos va cubriendo

los vacíos que eternos siguen atrás,

cazando la imagen del dolor de las manos

cayendo gota a gota los colores del destello

y quizás mire un poco en la punta

de todos mis extremos ,la luz

aquella que no perderá en brillar.

Ojal de herrero que no pierde

en todos los amaneceres, el color

amanecer suave con el fuego

meciendo uno a uno las baquetas,

Conque redoblar el sonido del crepúsculo

va bajando tranquilo en las estrellas

un pequeño sabor añejo a cañaveral

que con las curtidas manos alcanzas

un poquito del agua de la vida en el terral.

No te habías puesto aun el delantal

para cubrirse de tal vendaval,

con el fuego de las caricias que el metal

saca de los brazos en todo el cielo de color

brillando en las estrellas un golpe de espejo

mirándome las gotas de sudor del esfuerzo,

acariciando el pelo que se teje en mí sombra

en cada momento de la fragua

con el calor puesto en mis hombros

que cae uno a uno los chasquidos,

de la creación de todos algún dios,

donde sobran las espinas

que se clavan en todas las cruces de tardes

ver sangrar mis dos manos

en ésta doliente pasión entre todos dos.

¿Quién acaricia los números?

presentes en los almanaques de agosto

para que el frió no se cuele en mi sombrero

llevando en sus espaldas

el aguacero que esta mañana

escapo de entre los corazones

de una quiyayera, toda mozuela ella

sonrojada tinta en sus redondas mejillas

que tira de sus manos la caña de los desvelos

en la mañana de mis procesiones,

cuando los negros verdes impresiones

emergen en su desventura.

He caminado un poquito con el viento

en la pequeña pradera de mi pueblo

donde se juntan todos los vientos

de la loma de cullizcanra y el de Conra

en mi cabeza bulle el hormigueo de la imagen

que salta en la niñez con el costado en huaca pongo

donde salta mis pies pequeños

con mi madre en mis costados,

suturando las llagas de mi anterior destierro.

Ya mi madre en sus manos

acaricia los viejos despojos de su eterno hijo;

Ya mi madre añosa

con los años a cuestas y la vista despejada

acaricia sanando los huesos de su hijo

Eres el Herrero que desprende

en los ojales de la vida

un pequeño soplo de viento

que refresca el sol en mi testa

de todos mis eternos enemigos.

En todas las lomas con viento

surge el camino de soledad

para ver avanzar un poquito

el ichu de mi campo.

¿Quién trilla entre sus manos?

La espiga dorada que no vuela

con los aires de

las lomas en el viento

en el camino a mi soledad.

Quién trilla, en mi soledad

Ojal de herrero

Eterna mi madre de hierro

Ojal de herrero.

Juan Esteban Yupanqui Villalobos.