Estreno teatral de mi obra: "Leyenda del Condor y la Flor"

martes, 24 de junio de 2008

CUANTO VALE

Cuanto es el valor

que se cruza en la esquina de una aldaba

Cuando no se consume en los poros

lo pequeño del mundo que se reclama

en la tarima de todos los esclavos;

que decimos entonces?

para arrancar lo que no se nos puede

quitar en los aleros de las sombras.

Me había puesto en la sombra

que resumen aquellos; los esclavos

ha veces sintiéndome donde se habían aparecido

con el redoble de sus obligados vientres

diciéndome que se había cercenado

la tira que nos apoya en el borde.

Ahora cuando las nonas horas

discurren en suave silencio en el río;

aquel amigo de las aceradas sombras

aquel compañeros de púrpuras esperanzas

cuando aun el camino se presentía endiosado

y quizás caminando en ellas

nos deteníamos a sombrear un poco de la luz

de los cuantiosos cuadernos envueltos

para partir en el sentido de la vereda

seduciendo los colores de las miradas.

¿Cómo encontrar ahora?

diciéndome en los corazones

si su luz de los ojos no han brillado ya

donde vernos cuando falta llegar al destino,

serán sus palabras con el aliento

de todos los arcos que resurgen

que sienten en los árboles una nueva hoja de primavera que se abrazará.

Me había detenido en un borde

casi con la asfixia de los segundos.

sintiendo en la sien la ignominia de los rencores;

para que entonces decirme que la lluvia

que se siente en la palma de sus manos

olvida el frió de las noches;

para que entonces?

navegar con los remos partidos,

si ya el púrpura amigo

se me había partido,

sin el adiós de todos los limosneros

como cuando en la esquina fría

se agota una a una la tizana guardada.

Hacia frió en la cama de tu destino,

hacia frió en la verjas de hierro carcomidas

por todo ese olvido que se sentía

por quien tanto tiempo te sostenía,

en la mentira de su ironía que se tiene

como mascara tierna y hierática,

aprendida con los tiempos de una sala

aquella donde todos esperan.

Me había detenido un tiempo casi

con el abrigo de todos a cuestas,

sentía que él frió calaba en lo hondo

de los pozos que se acostumbraba

a cerrar en mi pequeño costado;

se cerraba en lo hondo de las promesas

en lo cercano del tiritar del frió.

Porque me dices que el frió se acurruca

en el costado sempiterno de mi lirio,

porque me dices que la sombra dorada

se columpia en las tardes rosas de los jardines,

que mis manos engarzadas por las púas

sangran en los momentos de las tardes;

¿Dónde te encuentras?

en el lago oscuro de la duda,

que ha veces se compra,

bajo de los metales en las dudas.

Juan E. Yupanqui Villalobos